Las dosis en gramos de vitamina C de entre 1 y 4 g/día son bien toleradas por personas sin patología alguna, y los datos de estudios epidemiológicos demuestran que aquellos que completan la dieta con suplementos alimenticios de vitamina C presentan un menor riesgo de muerte por todas las causas asociadas con cáncer, como pueden ser el cáncer de colon y de vejiga, y otras causas como la opacidad del cristalino y la litiasis renal. El escorbuto por rebote, polémica reacción adversa de la sobredosis de vitamina C, o la hemólisis eritrocitaria o la deficiencia de vitamina B12 no están científicamente corroboradas y son insostenibles.
La vitamina C mejora la absorción intestinal de hierro y se han hecho estudios en los que se especula que las dietas con altas dosis de esta vitamina pueden agravar patologías en las que existe una acumulación y un exceso de hierro, en especial la hemocromatosis. Esto demuestra la importancia de la vitamina C en la absorción de hierro.
Los efectos sobre la acumulación de hierro corporal son mínimos. Los factores predictivos de ancianos, de hecho, con un efecto de 5 a 7 veces mayor al de la vitamina C, fueron los suplementos de hierro y el hierro hemo (presente en la carne). Sin embargo, los suplementos de vitamina C podrían tener efectos adversos en situaciones como la talasemia mayor, enfermedad que es causada por una sobrecarga de hierro. Se caracteriza por tener la síntesis de la cadena de globina, en la hemoglobina, alterada. Esto produce que la eritropoyesis (o producción de sangre) sea ineficaz y se produzca una anemia. Los casos suelen diagnosticarse en el recién nacido o en el primer año de vida, y normalmente se requieren transfusiones de sangre para hacer frente a la anemia, para salvar la vida. Si no se aplica un tratamiento quelante a base de metales, la acumulación de hierro en los tejidos del parénquima puede llevar a una disfunción progresiva del corazón, el hígado y las glándulas endocrinas.
La deficiencia de vitamina C suele encontrarse frecuentemente en los pacientes de talasemia mayor y puede contribuir a los síntomas de la enfermedad, pero el exceso de esta vitamina hasta niveles de saturación puede movilizar los depósitos de hierro, produciendo un exceso de concentración plasmática de hierro y con ello, un riesgo aumentado de estrés oxidativo. Hay que indicar que el exceso de vitamina no suele producirse debido a su elevada hidrosolubilidad y por ello, rápida eliminación por orina.
Es cierto que existen estudios que in vitro indicaron que la oxidación de la vitamina C catalizada por ión férrico promovía la formación de radicales libres de oxígeno en el medio de cultivo. Sin embargo, esto no ocurrió en los experimentos in vivo, es decir, en personas, incluso cuando hubo un exceso de hierro para catalizar esta reacción. Además, las dietas con altas dosis de vitamina C pueden aumentar la eliminación urinaria de ácido oxálico y ácido úrico, algo interesante, pues estas sales producen cálculos renales, y de esta forma altas dosis de vitamina C podrían, teóricamente, favorecer la litiasis renal. Sin embargo, la excreción urinaria de ambas sales en quienes consumen suplementos suele permanecer en valores dentro de los márgenes de la normalidad.
Un pequeño porcentaje de pacientes, entre el 10% y el 30% suele presentar náuseas, diarrea o cólicos abdominales con el consumo de altas dosis (de entre 3.3g/día). El límite superior tolerable de ingesta (es decir, la ingesta máxima que no se considera tóxica) para adultos es de 2g/día, y se ha basado en el tracto gastrointesinal. Este límite superior tolerable constituye una guía imprescindible para personas que consumen suplementos alimenticios.